Al verla, Ana recordó los tiempos oscuros que habían pasado juntas. Se ajustó el abrigo con firmeza y respondió fríamente:
—Entre nosotras, «mamá» es una palabra que no podemos sostener. Además, solo estoy yendo por los niños, no por ti.
Al escuchar esto, Isabel entendió su punto y no pudo contener las lágrimas.
—Lo entiendo. Lo entiendo.
Su tono era sumiso, pero Ana no se conmovió.
Más tarde, en el coche, Ana permaneció en silencio todo el tiempo. Isabel intentó hablar varias veces, pero al fin