Y entonces, continúa con sus caricias.
Ana luchaba contra él, pero cada vez se sentía más rendida ante sus caricias. Sin embargo, la razón le gritaba que esto estaba mal… ¡no podían caer en esta tentación de nuevo!
Su cuerpo era manejado bruscamente por él, su postura vergonzosa, y la puerta del cuarto no estaba asegurada. No se atrevía a imaginar lo humillante que sería si alguien entrara en ese preciso momento.
Sin otra alternativa, Ana decidió despertarlo con un golpe en la mejilla.
En ese in