El rostro de Dulcinea palideció.
Inclinó la cabeza y, con sus dedos delicados, acarició suavemente su vientre. No podía creer que realmente llevara un niño dentro. Su esposo le había preguntado… le había preguntado de quién era el niño.
¿De quién más podría ser?
¿Leandro?
Durante los últimos dos años, Dulcinea había estado perdidamente enamorada de él, casi como si estuviera embrujada. Sin embargo, después de ver una foto de Leandro besando a otra mujer, se dio cuenta de que él no la amaba.
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