Tras un momento de tensión, Ana logró articular con voz firme:
—¡Luis, estás loco!
Era la primera vez que le hablaba con ese tono.
Luis, sorprendido, no pudo disimular su perplejidad.
En aquel instante, se encontraba en una lujosa villa en la ciudad BA, adornada con ornamentos de marfil y oro, un verdadero derroche de esplendor. Era también el refugio donde Luis ocultaba a su amante, Dulcinea Romero, la hermana de Alberto.
Dulcinea, que a sus 20 años se había casado con Luis, vivía confinada en