El mesero trajo dos tazas de café caliente.
Pero Ana no bebió, su mirada estaba fija en Sofía.
Sofía se calmó y, perdida en sus recuerdos, empezó a hablar:
—Fue Gloria quien me contactó, me dijo que Mario quería hacer un trato conmigo.
Mientras hablaba, tomó un sorbo de café.
Sus dedos largos y delgados temblaban ligeramente.
Volvió a hablar, con una sonrisa amarga en su rostro:
—En ese tiempo, lo resentía, ¿cómo podría quererlo? Pero Gloria mencionó una cifra que no pude rechazar, ¡era un proye