«Señora Fernández, ese acuerdo era solo una broma entre nosotros. ¡No te amo!»
Los recuerdos la asfixiaban. Ana levantó un poco la cabeza, conteniendo las lágrimas. Comenzó a lloviznar; la lluvia fina mojaba su ropa, pero a Ana no le importaba. Necesitaba el frescor del agua para calmar la inquietud en su corazón.
Caminaba bajo la lluvia, repitiendo en su mente las palabras de Frida:
—¿Realmente crees que el señor Lewis podría enamorarse de otra persona? ¿Crees que dejaría a su hijo para estar c