En un día que debía ser de júbilo, Isabel no pudo contener las lágrimas.
Le confesó a Mario que si no hubiera sido por su comportamiento con Ana en el pasado, no estarían en esta situación…
Mario, con voz quebrada, admitió:
—¡El error fue mío!
Bajó la vista hacia Isabel, su voz cargada de amargura:
—Mamá, Ana está bien ahora, no la perturbes… Enrique, al crecer, seguro que encuentra un buen hombre y tendrá su propia vida.
Mario había sido siempre orgulloso y seguro, pero ahora aceptaba la idea d