En el aparcamiento, Mario apagó el coche, se sentó en él pensando, y la llamó a Ana, pero la llamada fue rechazada.
Mario no intentó llamarla otra vez, se recostó en el asiento de cuero y encendió un cigarrillo. Pensó que Ana debía de estar enfadada. Y se preguntó si estaba enfadada por el trato grosero que le había dado anoche o porque se había marchado. Supuso que las palabras de Gloria por teléfono Ana las debía de haber oído.
Mario sostenía el móvil en una mano, pensando si debía enviarle un