De hecho, Ana siempre había tenido presente a Eulogio en su memoria. Cuando era pequeña, las familias Fernández y Lewis mantenían una cercana amistad y, de vez en cuando, acompañaba a sus padres a la Casa Lewis. Recordaba a Eulogio como un hombre siempre amable y bien educado. De no haberse marchado, Mario probablemente también habría sido más cortés.
Eulogio fue el primero en romper el silencio. Sus palabras resultaron tan refrescantes como Ana las recordaba:
—Ana, ¿puedo hablar contigo un mome