Retiró los documentos y continuó leyéndolos con voz suave:
—Esto no es parte de tus responsabilidades; no hay razón para sobrecargarte con más trabajo… Si esto se prolonga, seguramente surgirán quejas. Además, Mario, tú nunca has mezclado lo personal con lo laboral.
Su expresión era tranquila, y Mario, conmovido por su mirada, sonrió tras un momento y preguntó:
—¿Cómo era yo antes?
Ana dejó los documentos sobre la mesa y dijo con una sonrisa irónica:
—¡Antes eras un desconocido!
Mario se mostró