Ana estaba preocupada y se sobresaltó.
Mario encendió la luz y con voz suave dijo:
—¡Soy yo! ¿Qué pasa?
Bajo la luz tenue, Ana no respondió de inmediato; sólo lo miró fijamente, indecisa sobre cómo comenzar a hablar. Su expresión era inusualmente tierna, y Mario, incapaz de resistirse, la abrazó y la besó frente al tocador…
Ana se mostró reticente; aunque la luz era intensa, temía despertar a los niños, así que se dejó llevar con reservas. Sin embargo, parecía distraída…
Mario se detuvo, respira