Ana comprendió la situación, esbozando una sonrisa sutil:
—Valoro su comprensión hacia ella. Entonces, permítame cubrir los gastos de la cena para la señorita Ponce y el señor Lewis, espero que disfruten de su velada.
Tras decir esto, Ana se alejó con una dignidad innata.
Sonia quedó algo contrariada.
Le tomó un momento reponerse:
—Mario… ¿cómo sabe quiénes somos?
Mario, con la mirada perdida en la dirección que tomó Ana, respondió sin emoción alguna:
—Ella es mi exesposa.
Sonia se quedó muda.
…