Ana se había ido y Mario no la buscó. Como le confesó a Gloria, él había optado por devolverle su libertad, permitiéndole elegir libremente su camino y vivir la vida que tanto anhelaba.
Con el tiempo, Mario empezaba a adaptarse… Se acostumbraba a la ausencia de Ana, a no ver a su hija Emma y a no tener noticias de ninguna de ellas. A veces, pensaba que Ana había sido cruel; se había marchado sin más.
Los días pasaban rápidamente, la primavera cedía su lugar al otoño. Un octubre teñido de oro.
En