Esa noche, Mario no pudo dormir.
Aunque la sangre en el dormitorio ya había sido limpiada, aún persistía un ligero olor a sangre en el aire, recordándole lo que había ocurrido unas pocas horas atrás.
Ellos dos finalmente habían llegado al final del camino.
Su Emma no dejó de llorar durante toda la noche, y fue hasta la madrugada que Mario logró hacerla dormir, dejándola al cuidado de la niñera.
En la tranquilidad de la noche, Mario entró en el estudio y se sentó en el sofá, fumando. Pronto, el