La intensa lluvia duró todo el día, pero al atardecer, el cielo se iluminó con un espectacular manto de nubes rojas ardientes.
Ana, envuelta en su chal, se quedó en la terraza observando tranquilamente. Sus pensamientos vagaban por los altibajos de su matrimonio con Mario, recordando cuando quemó los diarios que había escrito para él y su foto de boda, eventos que estaban grabados en su corazón como fuego, imposibles de borrar en toda una vida.
El teléfono en la habitación seguía sonando.
Ana