La vida de Mario y Ana volvió a la calma tras el funeral de la abuela.
Mario comenzó a regresar a casa con más frecuencia. Aunque la atmósfera seguía siendo apagada entre ellos, con pocas palabras durante las comidas y durmiendo separados, a veces Mario se acostaba en la habitación de invitados. Solo en ocasiones, en la quietud de la noche, se acercaba a Ana desde atrás, abrazándola y acariciando su vientre embarazado, sintiendo la presencia del bebé.
Ana, al despertarse en esos momentos, perma