La tarde del domingo, la fiesta privada se celebró en el césped de la villa.
Además de los invitados de Mario, Ana también había invitado a algunos amigos, entre ellos a la señora Martín, quien trajo consigo al señor López de la ciudad BA.
La última vez, el señor López quedó cautivado por la belleza de Ana, y en esta ocasión, al ver la fiesta organizada por ella, se sorprendió aún más por su talento.
Con una copa de champán en mano, comentó lamentándose: —No puedo creer que seas la esposa de