Mario permaneció sentado en su auto durante un largo tiempo, hasta que Ana desapareció de su vista.
La oscuridad del interior del vehículo contrastaba con su elegante traje, resaltando su distinguida presencia.
El chofer, en silencio, finalmente rompió el silencio con cautela: —Señor Lewis, ¿vamos a la mansión?
Justo cuando Mario iba a responder, su teléfono sonó. Era su madre.
Al contestar, su tono era frío a pesar de la elegancia de su mano sosteniendo el móvil.
—¿Qué pasa?
En la mansión L