La noche en la ciudad H estaba iluminada por luces de neón deslumbrantes.
Parados en una calle bulliciosa, Mario y Ana, aunque marido y mujer, no mostraban la menor señal de cercanía.
Las palabras de Ana aún resonaban en los oídos de Mario: «Mi camino en la música ha llegado a su fin, así como mi matrimonio con él... Pero creo que en el futuro seguiré amando a quienes merezcan ser amados y haciendo lo que amo.»
Su nuez se movía ligeramente: «Ana había dicho que aún podría amar a otros hombres.