Con los labios temblorosos, Ana le respondió: —Mario, si tanto te duele ella, ¡podrías casarte con ella!
En ese momento, los dedos de Ana tocaron un pequeño frasco de medicina.
Mario se acercó y lo recogió con delicadeza; era un frasco de píldoras anticonceptivas.
La miró fijamente.
Ana también lo miró y dijo con calma: —Anoche no usaste condón. ¿Hay algún problema con que elija tomar la píldora anticonceptiva?
Mario, con el rostro inexpresivo, contestó: —¡Ningún problema en absoluto!
Tras dec