Antes de que Ana pudiera reaccionar, él ya estaba a su lado, agarró su delicada barbilla y le preguntó peligrosamente cerca de su oreja: —¿Quieres decir que vas a prostituirte?
Ana temblaba por completo.
Ella no lo negó.
Mario se rio sin enojo, se acercó a ella como si susurrara entre amantes: —¿A quién podrías prostituirte en Ciudad Bahía con el título de señora Lewis? ¿Quién se atrevería a quererte? Además, ¿podrías soportar que alguien más te toque? Los hombres van directo al grano, como en n