Katrina y compañía se despiden de Leoncio y sus subordinados, pero antes de que ella se suba al vehículo, él la agarra por el brazo y se acerca para hablarle.
—¿Nos veremos mañana en el lugar de siempre? —inquiere esperanzado.
—No lo sé. Mañana haré una diligencia importante.
—¿A dónde?
—No lo entenderías.
Él frunce el ceño.
—Pruébame, mi loba.
—Toma distancia, por favor, los demás nos están mirando raro.
Leoncio resopla hastiado.
—Bien, como digas —gruñe molesto.
Él levanta la mano como gesto