Froto mis ojos varias veces y me espanto cuando la oscuridad de mi habitación me recibe.
¡Me quedé dormida!
Me tiro de la cama y enciendo la luz, entonces dejo escapar un sollozo. Toda mi ropa está regada sobre el colchón y en el piso. ¿Por qué tuve que quedarme dormida mientras la desempacaba?
—¿Gia? —Escucho la voz de papá del otro lado de la puerta.
¡Papá!
Me apresuro en abrirle y, una vez este entra, me le tiro encima dando brincos de alegría. Me aferro a su cuerpo grueso como si mi vida de