Gia
El viento gélido me eriza los vellos y me provoca abrazarme a mí misma, con la intención de darme calor. El gris del cielo le da una apariencia melancólica a este campo desolado, cuyos arboles viejos y robustos lo hacen lucir tenebroso.
Mis pies descalzos pisan la grama verde que luce opaca, mientras que mis hebras son levantadas por el viento frío, que me provoca varios temblores en el cuerpo.
¿Dónde estoy?
—Todos me dicen la loca. Que soy una obsesiva.
Miro en dirección a la voz y descubr