El líder del consejo intentó aparentar calma. Se mantuvo de pie, con la barbilla en alto y los labios apretados, fingía tener el control absoluto de sus pensamientos. Pero no lo tenía. El temblor en sus párpados lo traicionó. Las venas del cuello comenzaron a hincharse y el sudor descendió por la frente en una línea delgada, imposible de ignorar. El miedo tomó posesión de su cuerpo semejante una infección incurable.
Los ojos se movieron sin control. Buscaban aprobación, un escape, algo. Nadie e