Los lobos se preparaban para celebrar la victoria de su alfa, Lucian. Como siempre, priorizaban la bebida, la carne y los gritos que exaltaban su nombre.
Freya no cabía en sí de la emoción. La siguiente noche bailaría como tantas otras veces, envuelta en un vestido largo de seda multicolor, justo antes de que el alcohol empapara el juicio de los suyos.
Pero esta vez era distinto. Llevaba al hijo del alfa en su vientre. Eso le daba un nivel más de poder.
Leah, en cambio, sentía un rechazo c