Leah abrió la boca, no porque tuviera algo que decir, sino por la indignación ante la acusación de esa loba.
No quiso estar ni un segundo más en su presencia y, con pasos torpes, salió de ahí.
No los miró. De seguro el alfa estaría de acuerdo.
«Ellos son prometidos», recordó. Lo que significaba que muy pronto serían compañeros.
Por conveniencia o porque quieren serlo. Leah miró la venda de su mano herida.
Le gustaba estar ahí, aunque no perteneciera. Si lo pensaba bien, no había un lugar a