C9- CÓMO SE SIENTE SER MÍA
La puerta se cerró a espaldas de Bianca, dejando un eco sordo en la suite privada. La oscuridad era casi total, rota solo por el parpadeo de unas velas que proyectaban sombras danzantes sobre las paredes de terciopelo, y el aire estaba cargado con el perfume que Bianca quizás había percibido antes: una mezcla de sándalo, tabaco y un toque cítrico que le resultaba extrañamente familiar, pero que no lograba ubicar.
En un rincón, estaba la silueta del hombre: Sombra.