C80- JUEGO PELIGROSO
Mateo respiró hondo, intentando controlar la ira y los celos que lo consumían. No podía dejar que Thomas lo viera así.
—No, campeón —respondió, forzando una sonrisa—. Mamá está ocupada hoy. Iremos tú y yo solos, ¿te parece? ¿Te apetece hamburguesas?
—¡Sí! —exclamó Thomas—. ¿Puedo pedir batido de chocolate también?
—Claro que sí, lo que quieras.
Mientras conducía hacia el restaurante favorito de Thomas, Mateo no podía sacarse de la cabeza la imagen del español y menos qué ha