¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!
¡MI MARIDO NO ACEPTA EL DIVORCIO!
Por: Paulina W
C1- ¡YO NO LA EMPUJÉ!

C1- ¡YO NO LA EMPUJÉ!

—¡¡Ah!! ¡Ayuda! ¡Auxilio!

El grito cortó la música y la gente se volcó hacia la escalera, donde Aurora Sterling quedó inmóvil con las manos crispadas a los costados y una mirada de terror. Abajo, Jimena Saenz yacía en el suelo, con el cuerpo torcido de forma antinatural y una mano aferrada a su vientre mientras el dolor le arrancaba gemidos secos.

Un segundo antes estaban hablando. 

Un segundo. 

Aurora aún sentía el eco de esa conversación en los oídos, la cercanía, el silencio incómodo... y luego el vacío.

—¿Qué pasó? —preguntó alguien—. ¿Cómo se cayó?

Jimena levantó la cabeza con esfuerzo y sus ojos buscaron la escalera, buscaron a Aurora.

—Ella... —jadeó— ella me empujó.

El aire se volvió pesado y todas las miradas subieron al mismo punto.

—¡¿Cómo te atreves?! —estalló una mujer—. ¿Estás loca, Aurora? ¡¿Los celos no te dejan pensar?!

Aurora apretó los puños y bajó un escalón, luego otro, tratando de hablar, pero las voces cayeron encima como golpes.

—¡No importa cuánto estés obsesionada con Angelo! —gritó un hombre—. ¡No puedes ser tan cruel! ¡Está embarazada!

—¡Eso! —secundó otra voz—. ¿Qué clase de persona atenta contra la vida de un bebé?

Cuando Aurora llegó junto a Jimena, se inclinó por reflejo.

—Déjame ayudarte...

El manotazo fue brusco, tanto que la empujó hacia atrás.

—¡No! ¡No te me acerques! Tú... tú querías matarme. ¡Dios mío, mi bebé! ¡Mi bebé!

La mandíbula de Aurora se tensó hasta dolerle, pero tragó saliva y supuso que el miedo le hacía decir incoherencias a su cuñada.

—Eso no es verdad, yo no...

No terminó, porque una voz profunda y masculina cortó el aire.

—¡Apártense!

La multitud se abrió y Angelo Russo avanzó con el rostro endurecido, los ojos azules oscuros y fríos. Deteniéndose delante de ella.

—Angelo... —Aurora dio un paso— déjame explicarte, yo...

La mirada de él la cortó en seco. 

—¿Qué hiciste? —su voz fue baja y afilada—. ¿Qué demonios hiciste?

Aurora negó desesperada, buscando una explicación para los hechos, pero Jimena gritó más fuerte, ahora quebrándose.

—¡Me duele! ¡Me duele mucho!

Angelo se arrodilló junto a ella y la sostuvo con cuidado.

—Tranquila —musitó—. No te preocupes, ya llamaron a una ambulancia.

Esa escena le oprimió el pecho a Aurora, después de todo su frío marido, sí podía ser amable y cercano, solo que no con ella. Aun así, dio un paso al frente.

—Yo no la empujé —afirmó—. No lo hice.

Angelo ni siquiera la miró.

—¿Pretendes que crea que Jimena se lanzó sola? —escupió—. ¿Que se cayó estando embarazada de mi hermano?

Entonces alzó la vista y la atravesó con sus ojos fríos.

—¿Me crees estúpido, Aurora? ¡Tus celos han ido muy lejos!

Esas palabras la hicieron tambalearse, tanto que el suelo pareció moverse bajo sus pies.

—Ah... —gimió Jimena otra vez— mi bebé... por favor, Angelo... no quiero perderlo...

Ella se aferró a él, temblando y Angelo la rodeó con los brazos, sosteniéndola.

—No tengas miedo. Te llevaré al hospital ahora.

La voz de la matriarca de la familia irrumpió entre el caos.

—¿Qué pasó? ¿Quién tuvo un accidente?

Adelina Russo se abrió paso y sus ojos tan azules como los de su nieto, se agrandaron de golpe.

—Por la Virgen... —susurró asustada—. ¡Es sangre!

Un charco rojo comenzaba a extenderse bajo el cuerpo de Jimena. 

—¡No! —sollozó ella—. No quiero perderlo. No quiero perder a mi hijo.

Angelo la cargó sin dudar y antes de darse la vuelta, alzó la mirada hacia Aurora y ya no había frío, sino amenaza.

—Reza para que al niño no le pase nada. Porque si algo ocurre... asumirás las consecuencias.

Se fue con Jimena en brazos, dejando atrás los murmullos y reproches, fue cuando Adelina miró a Aurora con complicación.

—Cariño... ¿acaso tú...?

—No lo hice —respondió ella, sosteniéndole la mirada y conteniendo las lágrimas—. Me crean o no, yo no la empujé.

Sin decir más, se dio la vuelta y subió.

En su habitación, caminó de un lado a otro sin rumbo. La cabeza le latía, pero volvía una y otra vez a la escalera, al segundo exacto en que todo pasó y no entendía cómo había pasado, pero sí sabía algo con una claridad brutal: era que tenía que hablar con Angelo. Tenía que mirarlo a los ojos y decirle la verdad.

Por eso esperó y el reloj avanzó sin piedad, pero esa noche Angelo no regresó.

Y cuando la mañana comenzó a aclararse detrás de las cortinas, Aurora se sentó en el borde de la cama, exhausta, con la garganta cerrada y los ojos rojos de tanto llorar, fue entonces cuando escuchó movimiento abajo. 

Voces, pasos, su voz.

Se levantó de golpe, con el corazón golpeándole el pecho y salió de la habitación casi corriendo.

—Angelo... —susurró, antes de verlo.

Pero se detuvo en seco cuando escuchó sus palabras.

—¡Abuela, quiero el divorcio! ¡Quiero divorciarme de Aurora!

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Diana Delgado Montanohayyy Angelo te vas arrepentir
Sarah CruzAy ya empezó la serpiente a sacar su veneno
Katty ColladoEsa cuñada no me Gusta
Katty ColladoAngelo en vez de investigar la culpo
Katty ColladoWow pobre Aurora nadie le Cree
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