199. Melancolía
Maya observa todo su rostro como si le hubiese salido otra cabeza. Y exclama:
—¡Eres un idiota! —se zarandea—. No voy hablar contigo si tienes esa actitud de un imbécil. No quiero que me toques así que no me toques.
—Entonces deja de acercarte a mí —reclama Maximiliano, acercándose—. ¿Cómo me pides que no te toque si ahora muero por acariciarte otra vez?
Maya detiene abruptamente sus palabras y baja y sube su pecho.
—Desde que te vi quiero arrancarte la maldita ropa y besar cada parte de