198. Indiferencias
Maximiliano coloca las manos en jarra y suspira.
Sus ojos verdes toman a la mujer y en sus pensamientos también está haciendo suyo sus labios y todo su cuerpo. Su ser entero. Mirarla ahora frente y contenerse es una tortura.
Porque con solo el aleteo de sus pestañas le hace ver que la necesidad de encontrar algo mucho más hermoso que todo lo que es Maya enteramente es una simple imposibilidad. Incluso, al escucharle decir aquello empequeñece todos sus sentidos. Lo hacen débil. Porque Maya l