Leticia escuchó de repente a Eduardo preguntar por el álbum de fotos.
Se quedó por un momento en blanco y, nerviosa, dejó caer sin querer el vaso que tenía en la mano.
Luna llamó apresurada a la criada y le pasó unas servilletas a Leticia.
—Perdón —dijo Leticia, claramente avergonzada.
—No pasa nada. Leticia, ¿quieres cambiarte de ropa? Tengo vestidos nuevos, nunca los he usado. ¿Te gustaría ponerte uno? —la tranquilizó un poco Luna.
—Solo me mojé un poco, no te preocupes —Leticia sonrió, algo a