Matías llevó a Leticia al salón de descanso y atento le ofreció una taza de agua caliente.
—El crucero ya ha zarpado, así que no hay vuelta atrás.
—Lo sé.
Matías sacó de inmediato su celular para intentar llamar a Diana, pero se detuvo al notar que no tenía señal.
Leticia, visiblemente nerviosa, entrelazó los dedos.
—Matías, ¿crees que a Luna le gustarán los pendientes que elegí en la foto de esta noche?
—Supongo que sí —respondió Matías, sin comprender muy bien los gustos de las mujeres. Pensat