A las seis en punto de la tarde, Marina llegó al hotel.
Era la primera vez en cinco años que se encontraba con Diego.
Él, ahora con las sienes canosas, lucía más maduro y serio a sus treinta años. Sus rasgos, antes más relajados y atractivos, ahora se veían más marcados y firmes.
Su mirada, como siempre, seguía transmitiendo una profunda ternura hacia Marina.
Al verlo, Marina sintió que él había pasado por difíciles pruebas con el tiempo.
Pensó en Nicolás, ese loco, y en su hija, que seguía bajo