Diego pareció recordar en ese instante la escena fuera del baño, esbozó una ligera sonrisa.
Marina se acomodó en el asiento, levantó la cabeza muy erguida y lo miró con curiosidad:
—¿De qué te ríes?
—Me acordé de un mal chiste.
Ella mostró una expresión de incredulidad evidente.
Él cerró de inmediato la puerta del coche, rodeó el frente y se sentó en el asiento del conductor. Y apagó su cigarrillo tras solo dos caladas.
Mientras Marina se giraba para buscar el cinturón de seguridad, descubrió do