La puerta del cuarto se abrió de nuevo.
Era Camilo y Yadira quienes entraron juntos. Yadira llevaba un vestido blanco con lunares y su cara, sin absolutamente nada de maquillaje, se veía limpia y hermosa, proyectando una imagen de pureza.
Marina les echó un ligero vistazo y luego apartó la mirada con total indiferencia, sin mostrar ninguna emoción. La anciana mantuvo una expresión fría, pero su educación le impidió decir algo hiriente.
Yadira, con una sonrisa algo incómoda, sostuvo un ramo de ma