Marina se sintió muy incómoda con el “Mari”. Anteriormente, siempre la llamaba “secretaria Díaz”. Era bastante extraño escucharle llamarla de esa manera tan íntima. La mente de Marina divagaba con pensamientos sin sentido.
—Está bien, ustedes dos vayan a su cita ahora mismo, no necesitan quedarse aquí conmigo.
—De acuerdo, haremos lo que usted diga, abuela.
Camilo y Marina salieron del cuarto al instante hombro con hombro.
La señora, que había estado sonriendo, dejó de hacerlo y su rostro mostró