Al parecer Eugenio estaba completamente obsesionado con Florencia. Pero, menos mal que él no sabía que, en la cabeza de Yulia, ya estaba pasando una maratón de telenovela de lo más intensa.
Eugenio bajó la mirada y, con un tono sombrío y completamente vacío de emoción, soltó unas palabras llenas de sarcasmo:
—¿Qué te crees?, ¿Una diosa inalcanzable? ¿Crees que voy a perder mi tiempo amenazándote? Yo solo no quiero ser el marrano que los mantenga a ustedes, los Soto. ¿Por qué te convertiste en un