Baltasar sonrió levemente:
—Mamá, el orgullo de un hombre no depende de la compañera que tenga al lado. Lo peor que pueden hacer es burlarse de mi gusto, pero les advierto que eso ni me va, ni me viene.
—Si Yuli se casara conmigo, la que saldría perdiendo sería ella. No sé cuántos disgustos tendría que tragar en reuniones y eventos. Papá, ¿no vas a decir algo?
Simón, aguantando la mirada fulminante de su esposa, suspiró y dijo, tratando de mantener la paz:
—Si a ti te gusta, está bien. Además,