En el ascensor, Yulia, Eugenio y Alejandro permanecieron en completo silencio.
En realidad el ambiente no era incómodo, ya que los tres sabían cómo comportarse como adultos.
Yulia, con su figura redonda, estaba justo al lado de Eugenio, quien, con su porte alto y enérgico, proyectaba una seriedad y distancia que parecía imposible de romper.
Alejandro echó un vistazo a los dos, notando la diferencia de estaturas, que de alguna forma le resultaba algo cómica.
El ascensor llegó al piso treinta.
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