Aarón fue a entregarle unos brotes de bambú que había traído de la Aldea Robledo a los dos vecinos del piso de abajo, mostrando así una actitud amable y humilde.
—Son brotes de bambú que cultivamos por mucho tiempo, no son costosos, pero quería que los probaran — dijo con una sonrisa amable.
Los vecinos, al ver lo frescos que estaban los brotes de bambú y lo sencillo del gesto, no dudaron en aceptarlos.
—¡Muchísimas gracias! Qué detalloso, justo nos encanta el bambú —respondió uno de los vecinos