Los dos dejaron Aldea Robledo con el corazón en la mano.
Diego pasaba los días revisando los detalles más recientes que Daniel había recolectado sobre la búsqueda de Yulia. Pero hoy, como siempre, no había ninguna pista que valiera la pena. Diego claramente frustrado, dejó escapar un suspiro.
Apagó la computadora, se levantó de la silla y decidió ir a preguntarle a Hernán, que vivía en las afueras de la ciudad.
Cuando Hernán vio llegar a Diego, su rostro cambió de manera inesperada. Estaba dema