A la tarde siguiente, puntual a las dos, Enrique y Pablo llegaron al hospital.
—¿Marina sigue tan mal? ¿Por qué lleva tanto tiempo en el hospital? —preguntó Enrique.
—Eso no nos importa en lo absoluto, al final no es de la familia Zárate después de todo —respondió Guillermo, siempre tan indiferente.
Las puertas del ascensor se abrieron y se dirigieron directo a la habitación de Marina.
Al entrar, notaron que, además de los Zárate, había otros accionistas en la sala.
Enrique y Pablo se miraron, c