Cuando llegaron al café, todos se sentaron alrededor de la mesa. Ramón no pudo evitar soltar la pregunta que le rondaba en su cabeza:
—Enrique, ¿de verdad están vendiendo las acciones solo porque ya no quieren tenerlas? ¿La empresa está... realmente bien?
Enrique dejó la taza, sonrió de manera suave y, con un tono tranquilo, respondió:
—La empresa va de maravilla, como todos saben. Y en cuanto a problemas... hasta ahora, todo está en orden.
Lo que dijo sonaba más que una pregunta a respuesta, pe