Álex asintió con entusiasmo:
—Sí, he oído hablar de ese lugar. Y siempre he querido visitarlo, pero nunca encuentro el momento.
Marina, alzando la mirada, se cruzó con los ojos de Diego, que la observaba desde el sofá frente a ella.
Cuando se sentaron a la mesa, Marina se dio cuenta de que los platos servidos eran exactamente de su gusto. Sus ojos brillaron un poco, pero decidió no decir nada.
Mientras tanto, frente a Diego solo había una simple caja de comida vegetariana.
—Yo soy vegetariano, p