Leticia observaba cómo Luna, radiante, elegía con entusiasmo una cadena para Marina. Aunque su interior era una mezcla de celos y resentimiento, en su rostro mantenía una sonrisa cálida y amigable.
—Luna, con tu buen gusto, seguro que elegiste algo perfecto. Si quieres, puedo probármela para que veas cómo luce.
Luna le devolvió la sonrisa, confiada.
—Buena idea, Leticia. Pruébatela y dime qué tal.
Leticia tomó la cadena y con movimientos delicados, se la colocó. Luna la miró con mucha atención y