—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, sorprendida.
Diego sonrió con calma mientras se sentaba junto a ella.
—Me enteré de que estaban aquí y pensé en pasar a saludarlas.
Marina lo miró con una cierta mezcla de desconfianza y curiosidad, entrecerrando los ojos.
—¿No me digas que me pusiste un rastreador?
Diego soltó una pequeña risita.
—Para nada. Simplemente pasé por casualidad y las vi.
Yolanda, sin levantar mucho la vista de su plato, murmuró con sarcasmo:
—¿Casualidad? Sí, claro cómo no… qué conv