Al despertar temprano, Marina escuchó una noticia alarmante: ¡Diego quería llevarla al médico!
—¡No voy! ¡No me gusta nadita tomar medicamentos! —protestó, abrazando una almohada mientras se acomodaba en el sofá.
Vestía un pijama de seda en un tono natural que acentuaba su figura esbelta y curvilínea, y no tenía intención de cambiarse.
—¡Tómate la medicina y luego disfruta de algún postre! —exclamó Diego, sorprendido por su actitud infantil.
—No quiero. Solo con oler esos jarabes me desagradan —