—Marina, ¿cómo pueden hablar tan a la ligera y llamarte asesina? —exclamó Yolanda, claramente indignada.
—No te enfades, les encanta el chisme —respondió Marina con una sonrisa burlona.
A pesar de su tono, Yolanda continuaba furiosa por las calumnias que recaían sobre Marina.
Ella raramente se involucraba en chismes, especialmente aquellos rumores infundados que podían arruinar la vida de alguien.
Mientras hablaba por el celular, Diego se había retirado a la cocina.
Marina escuchó el sonido de a